| Los carbohidratos
integran, junto con las proteínas y las grasas, los denominados macronutrientes.
Estos han sido uno de los nutrientes más desprestigiados en los últimos tiempos
y considerados por muchos como enemigos cuando de adelgazar se trata; sin embargo
mucho de lo que se dice no es cierto y así han surgido las dietas bajas en carbohidratos. Los carbohidratos
constituyen la principal fuente de energía del organismo, ocupando las grasas
el segundo lugar, ya que estas no pueden ser utilizadas por ciertos tejidos,
como por ejemplo, el cerebro el cual usa principalmente carbohidratos como fuente
de energía y generalmente el 50-60% de las calorías de la dieta deben provenir
de los carbohidratos. Además un gramo de carbohidratos aporta 4 calorías al
igual que un gramo de proteína, mientras que un gramo de grasa aporta 9 calorías. Las dietas bajas
en carbohidratos comúnmente reaparecen cada cierto tiempo, basadas en una dieta
alta en proteínas, sin carbohidratos o con muy pocos, y con alto, medio o bajo
contenido de grasas; y han surgido con distintos nombres entre los cuales se
encuentran: 1) Revolución dietética; 2) Super energía dietética; 3) Las calorías
no cuentan; 4) Última oportunidad; 5)Dieta Scardale; 6) Dieta mágica mayo; 7)
Dieta Stillman; donde generalmente se cubren unas 1000 calorías al día con menos
de 50 gr de carbohidratos y con 120 gr o más de proteínas. También han sido
llamadas cetogénicas, por la formación de cuerpos cetónicos (que son compuestos
que aumentan cuando se han agotado los carbohidratos de reserva y no se están
administrando suficiente con la dieta para ser utilizados como energía) los
cuales han sido relacionados como supresores del apetito y pero no ha sido efectivamente
demostrado. Cuando examinamos
los argumentos de quienes defienden este tipo de dieta, se plantea que la ingesta
ilimitada de calorías se asocia con una pérdida de peso consistente desde el
punto de vista fisiológico que "supuestamente" se mantiene mientras continúe
la dieta. Así se pone especial énfasis en la restricción de carbohidratos y
se ignora el contenido calórico de los alimentos ricos en proteínas. Conociendo que
la obesidad es definida como una acumulación excesiva de grasa (más del 30%
del peso corporal en forma de grasa en mujeres y más del 20% en hombres), esta
grasa acumulada solo se podría perder cuando el gasto calórico supera a la ingesta,
por lo cual ningún régimen nutricional donde se desea una disminución de peso
puede resultar eficiente mientras no exista una disminución en la ingesta de
calorías y un aumento en el gasto calórico. Entonces al analizar
este tipo de plan no encontramos ninguna evidencia científica que explique alguna
ventaja en relación con otras dietas más convencionales para la pérdida de peso,
pero si podemos enumerar algunas desventajas que se deben tener cuenta al momento
de decidir realizar este tipo de plan: Aumento
de la concentración sanguínea de ácido úrico, lo cual podría provocar episodios
de gota en individuos propensos a esta enfermedad.Y una dieta muy alta en proteínas
puede originar una sobrecarga para el riñón, por lo que existe una mayor pérdida
de agua por la orina provocando deshidratación, de esta manera se pueden desencadenar
lesiones renales en personas con un daño previo. Y estas pérdidas de agua pueden
ser hasta de 4 Kg en la primera semana (peso que se recupera al incorporar los
carbohidratos de nuevo a la dieta). Una dieta baja o sin carbohidratos, hace
que nuestro cuerpo destruya las proteínas de los músculos para convertirlas
en glucosa y así poder satisfacer las necesidades del organismo (básicamente
del Sistema Nervioso Central).
Aumentan el riesgos de desarrollar enfermedades del corazón cuando la dieta
se acompaña con un alto contenido de grasas. Frecuentemente se presentan episodios
de nauseas, hipotensión y fatiga ("falta de energía") al realizar cualquier
actividad física, la cual desaparece al ingerir carbohidratos, por lo que sin
carbohidratos, el rendimiento deportivo disminuye y se sentirá débil y sin fuerzas
para realizar las actividades diarias.
Generalmente son bajas en vitaminas y minerales. Cualquier dieta
sin un balance, en particular este tipo, que cuestiona el porcentaje de calorías
(45%) el cual usualmente se consume en forma de carbohidratos, probablemente
producirá disminución del apetito y pérdida de peso en quien tenga ánimo de
seguirla hasta el final. Por lo que es poco probable que este tipo de dieta
sea un buen punto de partida para lograr una pérdida de peso prolongada y para
convertirse en un plan de mantenimiento que pueda ser el esquema de alimentación
para el resto de la vida.
Dra.
Antonieta Rosales R.
Nutrólogo
|